Hace mucho, mucho tiempo cuando los animales reinaban la tierra, los séres humanos no existían y la Luna convivía con el mar... vivía una gatita de color de la noche que dormía en el lado oscuro de la Luna donde, cada que lo necesitaba, descansaba plácidamente.
Un día, como muchos otros, ella buscaba a sus amigos para jugar, divertirse, pasar el rato y así, no sentirse tan sola como siempre se había sentido. Pero los encontró en reunion con muchos otros animalitos más. Y aquella gatita, como era nada tímida, comenzó a hacer charla con los demás que se encontraban por ahi.
Entre los ahi presentes se encontraban varios gatitos más, ositos, lechuzas, conejos, hasta serpientes e insectos. Todos eran muy amigables y parlanchines -unos más que otros-, por eso se había hecho fácil la charla entre todos.
Y así, todos ellos se habían hecho amigos y cada semana, la gatita procuraba juntarse con ellos para platicar y pasarsela bien. Pero un dia, llegó al lugar un par de lobos muy alegres que de igual forma se unieron a la fiesta. Ambos era muy grandes, no demasiado, pero a pesar de ser más jóvenes que la gatita, eran más altos que muchos de los ahí presentes. Sin embargo eso no interrumpió o impidió en ningún sentido el buen ambiente que ahí se sentía.
El lobo más joven del par que llegó aquél dia a la casa de los gatos que habían convocado la reunión, preguntó y encontró la forma de saber dónde la gatita se refugiaba, así que casi cada noche iba a platicar con ella, ántes de que se fuera esta a dormir.
Su compañía no le era en nada desagradable a la gatita, pero llegó un momento en que aquel lobo comenzó a pedirle muestras de afecto, como si fuesen íntimos, cosa que le extrañó a la gatita, mas sin embargo lo tomó como juego para no dañar sentimientos ni verse en situaciones bochornosas con semejante personaje.
Y así pasaron los dias, y se cumplieron dos ciclos lunares completos cuando, en palabras de unas ositas que son sus amigas, comenzó la trajedia.
Ella terminó completamente enamorada del lobito, y él, no la tuvo dificil para atravezar con sus dulces palabras y su gentil trato la indestructible barrera de papel en la que ella guardaba su corazón.
Hasta ese dia, ella no le había entregado su corazón a nadie. La última vez que ése corazón fue tocado y destruido, fué por su madre, a quien ahora habia perdonado, pero se mantenía distante, así que ese corazoncito fragil y en recuperación no había tenido contacto por otro ser que no fuera ella en mucho, mucho tiempo...
Y para ella fué un shock tan tremendeo el darse cuenta que él, sigilosamente, se había introducido en su castillo nocturno como quien viviera ahí desde milenios atrás y no necesitara siquiera una llave o permiso alguno.
La noche en la que ella descubrió que él tenía entre sus manos su preciado corazón, hubo lluvia, mucha lluvia, y la vigilia no le permitió dormir mas que un par de momentos en la larga noche llena de dolor y vacío.
Además de lo ocurrido aquella noche, al aparecer el astro rey, ella tuvo que ir a cumplir con los compromisos que debía, asíq ue se fué como de costumbre, y ahí, casi llegando aquél astro a lo más alto del cielo, ella volvió a quebrarse, más que antes. Ella acababa de comprender que no tenía remedio, y una pequeña e inocente pajarilla le decía cantando "estas enamorada, estás enamorada". Pero ésta pajarilla, aunque podía ver la lluvia correr apresuradamente por las mejillas de la linda gatita, lo decía más como celebración que como burla o reproche.
Y así, ella terminó aceptando que le amaba, que ya no sería la misma, ya nada sería igual...
"Ése es el precio que pagas cuando partes: los objetos no se quedan donde los dejaste, los amigos difuminan tu recuerdo apenas les das la espalda, los parientes no te vienen a buscar porque los tenues lazos se estiraron en la distancia y terminaron quebrándose. El mapa de la isla del tesoro que se pierde. Les ocurre a todos porque todos, tarde o temprano, parten a algún lugar".
La materia del deseo
Edmundo Paz Soldán
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