Anoche, mientras te pensaba, he escrito un poema, con pretenciones de ser tu amada.
"intento controlarme y no lo consigo. el olor que entume mis sentidos, la luz que me cega, el sonido que me atonta, y tú, mi antigua divinidad griega, te encuentras a la lejanía, Tan distante de mis pensamientos. Al verte de nuevo, no supe cómo reccionar. Me sentía como golondrina sin nido, sin primavera. Te acercas y te alejas, eres una ola de mar: hermosa, azul, inconstante, palpitante, efímera.
Te miro y la memoria me dice que por tí no han pasado los años. Aún recuerdo aquél beso fugáz, oculto, secreto, prohibido, y me pregunto si aún quedará en ti alguna braza de lo que fuimos tu y yo. Porque mi corazón sintió un incendio al verte, abrazarte y tenerte de nuevo junto a mi. No sé qué pasó en todos estos años, pero sigues siendo en mí, recuerdo de un éxtasis fugaz".
Y te veía caminar, entrar y salir de mi espacio, cual ola indecisa, y me hervía la sangre, celosa de verte abrazando a alguien más. De sólo imaginar con cuántas pieles más habras estado, se estremecían mis piernas y se me anestesiaba el corazón.
"No eres para mí", pensé al despedirme, "ya perdí".
Un abrazo y un beso cordial cerraron la velada y nuestro encuentro, pero, dejaste encendida la esperanza en mi corazón, con la prenda que me regalaste, con el aroma que en él dejaste.
No sé que estoy haciendo... llegas tú, y ya no recuerdo quién soy o si fuí, para tí.
Perdona las incomodidades que te causen mis confesiones, tal vez debería callarlas, pero ya no quise hacerlo más.
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